La amistad prevalece sobre sobre la justicia

Cuando los niños deciden compartir, la relación del chico generoso con el grupo de destinatarios determina quién obtiene qué cantidad. Ellos darán más a un amigo rico que a un extraño necesitado, al menos en el caso de que la riqueza se mida en pegatinas.

En numerosos estudios, los psicólogos infantiles han tratado de identificar los factores que motivan a compartir en las decisiones de los niños, y así determinar cómo su comportamiento cambia medida que envejecen. Sin embargo, parece que hay desacuerdos en cuanto a los resultados de estas investigaciones: algunos examinadores equiparan el deseo de compartir con la capacidad de considerar las situaciones en términos morales; otros creen que el intercambio de posesiones entre los más jóvenes está principalmente motivado por el deseo de mejorar su situación social.

Markus Paulus, profesor de Psicología Evolutiva y de Psicología del aprendizaje en la primera infancia en la Ludwig-Maximilians-Universität (Munich, Alemania), ha llevado a cabo una serie de experimentos que fueron diseñados para distinguir entre las dos hipótesis. El resultado del estudio, que aparece en Journal of Experimental Child Psychology, podría decepcionar a quienes consideran a los niños como innatamente virtuosos. Se expone que estos prefieren compartir con un amigo que ya tiene dicho recurso en abundancia que con un desconocido que posee mucho menos.

La importancia de la amistad

La mayoría de los factores que tienen impacto en el comportamiento de intercambio de los niños ya se han definido. Los más pequeños tienden a dar más a los necesitados que a los ricos, pero estos comparten con mayor facilidad con los amigos que con los extraños.  Están influenciados a causa de que el posible receptor ya se ha mostrado generoso con anterioridad. “Pero no sabíamos cuál de estos factores tiene prioridad en el pensamiento de los niños”, señala Paulus.

Con el fin de identificar la principal influencia para compartir, Paulus realizó una sucesión de pruebas con niños en edad preescolar que recibieron un suministro de pegatinas de colores brillantes, y participaron en diversos contextos y con diferentes restricciones. Los participantes se dividen en dos grupos- de 3 a 4 años y de 5 a 6 años-, se escoge esta etapa infantil de la guardería porque es crucial en la socialización del joven.

Cada chico tiene que nombrar a un buen amigo y a otro con el que no le guste jugar, a continuación, hacen un dibujo de cada uno. Después se les da la opción de dividir sus pegatinas (entre ambos dibujos), contando con que cada uno ya dispone de alguna pegatina. El resultado es que el amigo obtiene un álbum con 100 pegatinas, mientras que el conocido tiene sólo tres. “El objetivo de este experimento era probar si las decisiones de los niños estaban motivadas por amistad o por el número de pegatinas que los destinatarios ya tenían”, explica el profesor. “Los resultados revelaron una fuerte preferencia por compartir con el compañero amistoso. Esto muestra que, en ambos grupos de edad, la disposición a compartir depende principalmente de la relación social del donante con el receptor potencial.”

West New York, New Jersey, USA Caucasian boys fighting over dinosaurs Image by © KidStock/Blend Images/Corbisa En otro experimento, se les pide a los niños dividir sus pegatinas entre un compañero que ya tenía un montón y un desconocido que tenía muy pocos. Y en este escenario también es el amigo quien recibe la mayor parte de las pegatinas. Curiosamente, en este caso, el desconocido es tratado con bastante más generosidad que con el no-amigo del experimento anterior. “Así que los niños en edad preescolar muestran una mayor disposición a compartir con un extraño que con uno que conocen, pero no les gusta. De hecho, la tendencia a favorecer al amigo resultó ser más pronunciado en los mayores que en los más pequeños. Esto indica que la importancia de las relaciones sociales en realidad aumenta a medida que los niños crecen” concluye el investigador.

Estos resultados muestran claramente que la justicia no es la principal motivación para el intercambio de recursos entre los niños en edad preescolar. Dicho estudio también arroja luz sobre cómo los niños actuarían si el recurso en cuestión fuese una necesidad básica, como la comida y la bebida. El profesor Paulus espera determinar cómo estos factores influyen en la acción de compartir en un futuro cercano.

 

Referencias

Markus Paulus. Friendship trumps neediness: The impact of social relations and others’ wealth on preschool children’s sharing, Journal of Experimental Child Psychology (2016)

Journal of Experimental Child Psychology

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