El origen de la intimidad

Alrededor de los 8 años podemos notar que el niño y la niña comienzan a mostrarse reservados en diversos temas que consideran parte de su intimidad personal. Comienzan a cerrar las puertas e incluso pasar el cerrojo para preservar sus actividades de las miradas no autorizadas, exigen que sus cajones y escondites secretos sean respetados, e incluso se muestran pudorosos al cambiarse de ropa o utilizar el baño, cuando poco antes no ponían reparo a mostrarse desnudos en el entorno familiar más íntimo.

¿Por qué sucede esto en el desarrollo?

“Ups” es el dibujo animado que representa cada ítem en FM

En la Etapa de Escolarización el seguimiento de la norma del grupo es prioritario, y se acata sin resistencia. Se podría decir que los niños han aprendido a ser buenos y responden a lo que saben que se espera de ellos. Este periodo de calma coincide con el periodo de latencia sexual, pasado ya el Complejo de Edipo y todavía unos años antes del inicio de la pubertad. También su nueva competencia cognitiva les permite vivir intensamente en un mundo interno en el que realizan constantes operaciones con su pensamiento, imaginando lo que podría suceder y sus consecuencias, siendo esta capacidad la fuente de una angustia que va en aumento. Se defienden tomando el control de sus cosas, mostrando criterio, intentando asegurar mágicamente los límites de la realidad. El origen de su mundo privado —a diferencia de su actividad pública— se justificaría por la necesidad de delimitar una esfera sobre la que poder mantener un control absoluto.

Para que lleguen a manifestarse sentimientos de pudor o vergüenza, y comportamientos protectores de la intimidad personal, confluirá la evolución de tres procesos, cada uno de los cuáles sigue su propia dirección:
1. Cognitivo: El acceso a las operaciones concretas reversibles. Las operaciones lógicas se interiorizan.
2. Social: La descentración cognitiva desde el egocentrismo. Apertura hacia el criterio moral de grupo.
3. Afectivo: Periodo de latencia sexual. Predominio de la ternura y de las aspiraciones estéticas.

Bibliografía:

Marchesi, A., Carretero, M., y Palacios, J. (1995). Psicología evolutiva 1. Teorías y métodos. Madrid: Alianza.
García Madruga, J.A. (2001). Estructura y mecanismos de cambio en la psicología evolutiva.
En A. Corral y P. Pardo (eds.), Psicología Evolutiva I, Introducción al desarrollo, Vol.1. Madrid: UNED.
Hall, C. (1978). Compendio de psicología freudiana. Buenos Aires: Paidós.

 

 

Javier AbellanAutor

Javier Abellán

Presidente de la Fundación

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